Ubicado en el corazón del centro, el edificio que alberga al Congreso del Estado es una joya de sobriedad y elegancia.
Sus muros han escuchado discursos incendiarios, leyes polémicas y promesas que el viento se llevó.
Su diseño arquitectónico refleja una época en que se pensaba que la ley debía tener un hogar imponente para ser respetada.
Caminar por sus pasillos es asomarse a la cocina de la política potosina, un lugar donde el mármol y la madera labrada intentan darle solemnidad a un oficio que, a veces, parece más una comedia de enredos que un ejercicio de gobierno.


