Si bien la cajeta es la reina, San Luis tiene una variedad de dulces típicos que son verdaderas joyas de la paciencia monacal.
Desde las sevillanas hasta los dulces de tuna y los bizcochos de Soledad, nuestra repostería es un mapa de sabores que se resiste a la industrialización. Un patrimonio dulce que deberíamos proteger con el mismo fervor con el que protegemos nuestras iglesias.


