La crisis del agua en la capital potosina ya no es un problema técnico ni una “eventualidad”: es un colapso anunciado que, de acuerdo con las propias declaraciones del alcalde Enrique Galindo Ceballos, se administra con pipas y una constante falta de información hacia la ciudadanía.
Enrique Galindo reconoció que tres pozos están fuera de operación y que el acueducto El Realito continúa sin funcionar, dejando sin servicio a unas 70 colonias. Pero lo más delicado de su mensaje no es el diagnóstico, sino la normalización del desastre: un sistema que simplemente no funciona y una autoridad que se limita a esperar “Tenemos 3 pozos sin funcionar, El Realito sigue sin funcionar, nadie nos informa qué va a pasar”, admitió el alcalde, en una frase que resume no solo la falla de infraestructura, sino también la ausencia de control, coordinación y previsión.
En lugar de soluciones, el escenario que se ofrece es el de siempre: pipas como respuesta improvisada a una crisis estructural. Un operativo de emergencia que lejos de resolver, evidencia que el municipio depende de un sistema que colapsa de manera recurrente sin que haya una estrategia clara para evitarlo.
El propio Galindo reconoció además que, incluso si El Realito llegara a reactivarse, el problema no terminaría ahí. La población seguiría sin agua durante 24 o hasta 36 horas más debido al vaciado de líneas, el reinicio del sistema y el lento restablecimiento de los tanques de abastecimiento. Es decir, ni siquiera el supuesto “regreso” del servicio significa normalidad, sino otro ciclo de interrupciones “Si hoy llegara agua del Realito, todavía vamos a sufrir esto hasta el jueves”, dijo.
El problema de fondo es que el discurso oficial ya no habla de soluciones, sino de administración del colapso. Entre fallas de pozos, un acueducto inoperante y colonias enteras sin suministro, la respuesta institucional se ha reducido a esperar, justificar y repartir agua por tandeo de emergencia.


