Las supuestas acciones de “sabotaje” en la infraestructura hidráulica de San Luis Potosí han sido utilizadas por el gobierno municipal como explicación recurrente ante fallas en el servicio de agua; sin embargo, las propias declaraciones del alcalde Enrique Galindo Ceballos dejan más dudas que certezas.
Aunque el edil insiste en que los daños a pozos y equipos son “muy mal intencionados”, también reconoció que estos hechos generan costos extra para la administración municipal, sin tener claridad sobre su magnitud. “Por supuesto, no tengo el dato en mente…”, admitió, pese a que se trata de afectaciones que según él mismo implican un impacto económico adicional.
El propio Galindo detalló que en los pozos “hay equipo de telemática, equipo electrónico, equipo muy caro, incluso transformadores que son caros, tres o cuatrocientos mil pesos que a veces los destruyen”, lo que evidenciaría pérdidas significativas y un gasto extraordinario para el municipio.
“Sí es caro y sí significa un gasto adicional en el tema, no sé el dato ahorita cuánto sea”, reiteró el alcalde, confirmando que los llamados “sabotajes” no solo afectan la operación del sistema, sino que también representan una carga económica extra, aunque sin cifras claras.
La narrativa de sabotaje, sin datos concretos, sin responsables identificados y sin una estrategia clara de prevención, termina por parecer más un argumento para justificar deficiencias que una explicación sustentada. Mientras tanto, la infraestructura sigue siendo vulnerable y la ciudadanía continúa enfrentando problemas en el suministro de agua, en medio de un discurso oficial que reconoce costos adicionales, pero no logra transparentarlos.


