La irrupción del doctor Salvador Nava Martínez en la vida política potosina de 1958 marcó el fin de la era del silencio y el inicio de la modernidad ciudadana en el estado. Nava, un médico oftalmólogo respetado por su labor social, logró lo que los políticos de oficio no pudieron: unir a las clases medias, a los obreros y a los intelectuales en un movimiento civil que desafió el caciquismo violento de Gonzalo N. Santos. Su lucha no era por un puesto, sino por la recuperación de la dignidad del sufragio.
El «Navismo» transformó las calles de San Luis en aulas de participación democrática. El Dr. Nava no utilizaba la retórica vacía de los mítines tradicionales; hablaba con la sencillez del médico que diagnostica un mal social profundo. Su resistencia pacífica, su negativa a aceptar las componendas del poder y su capacidad para movilizar a la población mediante el ejemplo moral, convirtieron a San Luis en el faro de la democratización de México.
Nava nos enseñó que la política no es un patrimonio de los partidos, sino un deber de los ciudadanos, demostrando que en esta tierra de cantera, el civismo es una medicina poderosa capaz de derrotar al autoritarismo con la pura fuerza de la razón y el voto libre.


