Un análisis de más de 400 muestras de agua realizado en pozos de la región reveló la presencia de contaminantes como arsénico, flúor e incluso uranio, así como indicios de impacto por actividades humanas en acuíferos que antes se consideraban seguros.
Estos resultados fueron presentados por la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, a través del Grupo Universitario del Agua, durante la Presentación de avances de la Agenda Hídrica 2025, donde se dieron a conocer acciones estratégicas en materia hídrica impulsadas desde la institución.
De acuerdo con el Dr. Antonio Cardona Benavides, de la Facultad de Ingeniería y Ciencias de la Tierra, durante el último año se recolectaron muestras de agua subterránea somera, superficial y profunda, enfocándose principalmente en estas últimas por su uso en el abastecimiento de la población.
Del total de 336 muestras analizadas a detalle, la mayoría proviene de pozos utilizados para consumo humano en la zona metropolitana de San Luis Potosí y municipios como Villa de Reyes, aunque también se incluyeron fuentes destinadas al uso agrícola e industrial.
El especialista explicó que la mayor parte del agua subterránea profunda presenta una composición química natural conocida como “bicarbonatada sódica”, derivada de la interacción con rocas volcánicas predominantes en la región. Sin embargo, advirtió que no toda el agua mantiene estas condiciones.
“Identificamos que alrededor del 13 por ciento de las muestras presenta un claro efecto antropogénico”, señaló, lo que implica contaminación generada por actividades humanas, un hallazgo relevante debido a que este tipo de agua se consideraba tradicionalmente libre de estos impactos.
Uno de los principales focos de preocupación es la presencia de metales y compuestos por encima de los límites recomendados. “El arsénico en pozos rebasa el límite de 10 miligramos por litro y el fluoruro supera el límite de 1 miligramo por litro”, explicó. Además, destacó que no solo se detectó arsénico, sino también uranio en el agua subterránea.
El estudio también reveló que la calidad del agua varía considerablemente en la región. “Tenemos agua de buena calidad, pero es muy limitada en su extensión y debemos cuidarla”, advirtió el investigador. En contraste, el agua más abundante presenta concentraciones elevadas de flúor y arsénico, asociadas a la interacción con rocas volcánicas.
A esto se suma la influencia de factores humanos, lo que agrava el problema. “Hay evidencia antropogénica que afecta a este tipo de agua”, subrayó.
El análisis geológico indica que la distribución y calidad del agua subterránea no dependen de límites políticos, sino de la dinámica natural de los acuíferos. “Donde se ubican los pozos y su diseño es clave para controlar la calidad del agua que se extrae”, explicó Cardona Benavides.
Este panorama plantea un reto importante para las autoridades, ya que el agua subterránea es una de las principales fuentes de abastecimiento en la región, tanto para uso público urbano como industrial y agrícola, por lo que su monitoreo y gestión adecuada resultan fundamentales para garantizar la salud de la población.


