Su torre es una de las siluetas más reconocibles del centro histórico. El Templo de San Agustín es un despliegue de fe y cantera que nos habla del poder de la orden agustina en la ciudad. Sus retablos y su arquitectura son una lección de cómo impresionar a los mortales para que miren al cielo.
Entrar en una mañana de sol es ver cómo la luz juega con las molduras de piedra, creando un ambiente de paz que ni el ruido de los camiones de la calle Universidad puede romper. Es nuestro barroco más sólido y presumido.


