Pedro Vallejo representa ese breve pero luminoso momento del siglo XIX donde San Luis Potosí intentó sustituir el azar de la geografía por la certeza del trazo científico.
Como ingeniero y geómetra de primer orden, Vallejo dedicó su vida a una tarea monumental que la provincia esquivaba por costumbre: medir el territorio del estado, delimitar las propiedades de las grandes haciendas y trazar los primeros mapas científicos del Altiplano con una precisión que dejó sin argumentos a los viejos agrimensores tradicionales.
Su labor técnica fue una constante batalla contra la inercia de una sociedad que prefería resolver los pleitos de tierras mediante la memoria del árbol grande o la voluntad del terrateniente de turno.
Vallejo introdujo el teodolito y el cálculo trigonométrico en los despachos de gobierno, convencido de que un estado que no conoce sus fronteras interiores está condenado al desorden legal y al atraso económico. Su figura nos enseña que los verdaderos constructores de la modernidad potosina no siempre empuñaron la espada; a veces utilizaron la pluma de dibujo y el compás para poner orden en el desierto, recordándonos que la soberanía civil se defiende con mapas exactos que obliguen a todos a respetar los límites de la ley y de la razón.


