La vocación no nace del deseo propio, sino del llamado de Dios: Héctor Mario Pérez.

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Monseñor Héctor Mario Pérez Villarreal, secretario general de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), afirmó que la vida es un regalo de Dios que debe vivirse con gratitud y al servicio de los demás, al exhortar a los jóvenes a descubrir su vocación como una misión que nace del amor de Dios y no de intereses personales.

Durante su conferencia, el prelado señaló que nadie elige el momento de su nacimiento ni crea su propia vida, por lo que ésta no puede entenderse como una posesión absoluta. Explicó que cada persona fue creada con un propósito y está llamada a convertirse en una bendición para los demás. “La vida es un regalo que todos recibimos gratuitamente”, expresó, al subrayar que la verdadera pregunta no es qué quiere hacer cada persona con su vida, sino para quién y cómo puede ponerla al servicio de los otros.

Pérez Villarreal advirtió que una de las mayores dificultades para escuchar la voz de Dios es el exceso de ruido y distracciones, particularmente las generadas por las redes sociales y los dispositivos móviles. Por ello, insistió en la importancia de recuperar el silencio, pues afirmó que es en ese espacio donde Dios habla al corazón de cada persona. Añadió que la oración, la Palabra de Dios, la adoración eucarística y el Rosario son medios privilegiados para fortalecer ese encuentro.

El secretario general de la CEM compartió también su propio testimonio vocacional, al recordar que durante su juventud experimentó un llamado constante para ingresar al seminario. Relató que inicialmente se resistió a esa inquietud, pero tras un proceso de discernimiento, acompañamiento espiritual y oración comprendió que esa voz provenía de Dios, decisión que finalmente lo llevó al sacerdocio.

Finalmente, Monseñor Héctor Mario Pérez exhortó a los jóvenes a convertirse en testigos coherentes del Evangelio, especialmente en un contexto donde, dijo, muchos enfrentan confusión, violencia e ideologías que desdibujan el sentido de la persona. Afirmó que el mundo necesita jóvenes que anuncien con su vida que Cristo está vivo y que la verdadera paz comienza cuando cada persona pone a Dios en el centro de su existencia y vive al servicio de los demás.

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