Detrás de los colores, la música, el baile y el ambiente de celebración que cada año llenan las calles durante la Marcha del Orgullo LGBTIQ+, existe una realidad que no puede pasar desapercibida: miles de personas continúan enfrentando violencia, discriminación y discursos de odio únicamente por su orientación sexual o identidad de género.
Hoy cientos de potosinas y potosinos saldrán nuevamente a las calles para participar en la 15.ª Marcha del Orgullo LGBTIQ+ de San Luis Potosí, una movilización que representa mucho más que una fiesta. Es un acto de memoria, resistencia y exigencia de derechos para una comunidad que durante años ha luchado por ser reconocida y tratada con igualdad.
La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos protege el derecho de toda persona a la libertad de expresión, reunión y manifestación pacífica. Esto significa que la ciudadanía tiene la facultad de organizar marchas para visibilizar problemáticas sociales, exigir justicia o defender sus derechos, siempre de manera pacífica y respetando los derechos de terceros.
Es decir, las marchas se convierten en una herramienta democrática que permite a los distintos sectores de la sociedad expresar sus demandas cuando consideran que aún existen deudas en materia de derechos humanos.
En el caso de la comunidad LGBTIQ+, la movilización busca recordar que la discriminación no ha desaparecido. Aunque en los últimos años la sociedad ha mostrado una mayor apertura hacia la diversidad, muchas personas continúan siendo víctimas de violencia física, psicológica, verbal, económica, laboral, escolar y digital debido a su orientación sexual o identidad de género.
A ello se suman los llamados crímenes de odio, hechos violentos motivados por prejuicios hacia las personas de la diversidad sexual.
En San Luis Potosí, colectivos de la diversidad sexual han señalado que aún existe una deuda legislativa importante, pues aunque el Código Penal contempla agravantes cuando un delito es cometido por motivos discriminatorios, no existe un tipo penal específico que reconozca el homicidio por homofobia o por transfobia como un delito autónomo, una demanda que desde hace años mantienen organizaciones defensoras de los derechos humanos.
Por ello, quienes participan en la marcha no solamente celebran su identidad. Muchos de ellos cargan historias de rechazo familiar, acoso escolar, discriminación laboral, agresiones en espacios públicos o violencia en redes sociales. Para estas personas, caminar por las calles con una bandera multicolor significa recuperar un espacio que durante mucho tiempo les fue negado.
Cada bandera, cada canción y cada baile representan una forma de decir que todas las personas tienen derecho a vivir libres, sin miedo y sin ser juzgadas por ser quienes son.
La Marcha del Orgullo también busca enviar un mensaje a la sociedad: el respeto a los derechos humanos no debe depender de las preferencias, creencias o identidad de una persona. La igualdad consiste en garantizar que todas y todos puedan desarrollarse con dignidad, seguridad y libertad.
Más que una celebración, la marcha es un recordatorio de que el respeto, la inclusión y la defensa de los derechos humanos siguen siendo tareas pendientes para construir una sociedad verdaderamente igualitaria.


