El Ayuntamiento de San Luis Potosí ha convertido al deporte en una herramienta de promoción constante, pero también en un escaparate que, a fuerza de repetirse, empieza a evidenciar más forma que fondo. Bajo la administración de Enrique Galindo Ceballos, la narrativa oficial insiste en vincular a la capital con eventos de relevancia como el San Luis Open, el torneo infantil-juvenil de tenis y ahora, de manera más ambiciosa, con el Mundial de 2026 mediante la campaña “San Luis Capital, corazón del Mundial”.
El problema no es la intención de posicionar a la ciudad, sino la manera en que se hace: “colgándose” de eventos ya consolidados y presentándolos como logros propios, sin que exista claridad sobre cuál es la aportación real del gobierno municipal. La estrategia parece centrarse más en capitalizar reflectores que en generar un impacto estructural en materia deportiva o turística.
El caso del reciente convenio de colaboración lo deja en evidencia. Firmado con el Ayuntamiento de Monterrey y anunciado con bombo y platillo en redes sociales por el propio alcalde, el acuerdo presume cinco puntos clave, pero en la práctica no explica de forma concreta cuáles serán los beneficios para los turistas que llegarían a la capital potosina. No hay detalles sobre infraestructura, movilidad, servicios, ni experiencias que respalden el discurso. Todo queda en lo general, en lo aspiracional… en lo publicitario.
Mientras otras ciudades trabajan con planes claros rumbo al Mundial 2026, San Luis Potosí apuesta por slogans y campañas que, hasta ahora, no se sostienen con acciones visibles. La etiqueta de “corazón del Mundial” suena más a una intención de subirse a la conversación global que a una estrategia bien definida para integrarse a ella.
La insistencia en apropiarse de eventos y narrativas deportivas sin una base sólida termina por desgastar el mensaje. Porque el deporte no solo se presume: se construye, se invierte y se respalda con resultados. De lo contrario, el riesgo es claro: que todo quede en una colección de anuncios llamativos que generan titulares momentáneos, pero ningún beneficio duradero para la ciudad.


