Desconcierto en el PRI por la indefinición de Galindo

La ambigüedad política del alcalde de San Luis Potosí, Enrique Galindo Ceballos, ya no pasa desapercibida. Mientras se mantiene entre el PRI y el PAN, desde su propio partido comienzan a exhibirse dudas, contradicciones y una preocupante falta de claridad sobre su verdadera postura.

La diputada Frinné Azuara Yarzábal fue contundente… pero también reveladora. Confirmó que Galindo fue convocado como “defensor de la democracia” por el Partido Revolucionario Institucional, aunque dejó en evidencia que ni siquiera dentro del partido se tiene certeza de qué está haciendo realmente el alcalde.

“Yo creo que él aceptó participar como defensor de la democracia… no sé cuál haya sido su participación”, declaró.
Y fue más allá: “Desconozco si tuvo alguna participación aquí con el PAN”.

Las declaraciones no solo exhiben desinformación interna, sino que confirman lo que ya es evidente: Galindo opera políticamente sin rendir cuentas claras ni siquiera a quienes lo respaldan.

Azuara intentó sostener la narrativa institucional recordando que el alcalde llegó al poder a través de la coalición PRI-PAN, pero ese argumento ya no alcanza para justificar su indefinición actual.
“No podemos soslayar que él llega a través de una coalición”, dijo, dejando implícito que su doble juego tiene origen… pero no justificación permanente.

Más grave aún, la propia diputada reconoció que no ha tenido contacto reciente con él:
“No he tenido la oportunidad de tener un acercamiento esta semana con él”, lo que deja ver una desconexión total entre el alcalde y las figuras de su propio partido.

Pese a ello, insistió en mantenerlo dentro del PRI:
“Él es uno de los representantes del partido… es aceptado y bienvenido”.

El mensaje es contradictorio: un alcalde del que no se sabe su postura, del que no se conoce su actividad política reciente, pero que sigue siendo respaldado sin cuestionamientos de fondo.

En los hechos, Enrique Galindo Ceballos parece haber optado por una estrategia cómoda: beneficiarse del respaldo del PRI mientras evita romper con el PAN, manteniendo abiertas ambas puertas rumbo a sus aspiraciones políticas.

Pero ese cálculo político tiene un costo: erosiona la confianza, debilita la credibilidad y refuerza la percepción de oportunismo.

Hoy, más que un “defensor de la democracia”, Galindo se perfila como un actor que juega a dos bandas… y que, hasta ahora, nadie dentro de su propio partido se atreve a confrontar con firmeza.

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