Lo que se vendió como una serie de espectáculos de primer nivel en el Festival San Luis en Primavera en Plaza de Fundadores, terminó exhibiendo serias fallas de organización por parte del gobierno encabezado por Enrique Galindo Ceballos.
Desde el arranque, con la presentación de Miguel Bosé, el lleno total no fue sinónimo de éxito, sino de caos: accesos rebasados, nula logística y una evidente incapacidad para controlar a la multitud.
Medios de comunicación acreditados, funcionarios e incluso elementos encargados de resguardar el evento enfrentaron dificultades para ingresar, ante la falta de un acceso exclusivo y claramente delimitado. Empujones, quejas y confusión marcaron el inicio de una serie de conciertos que, lejos de mejorar, repitieron los mismos errores en su cierre. Todo bajo la mirada de una administración que presume eventos, pero no garantiza condiciones básicas.
Lejos de corregirse, la historia se repitió en el cierre de esta serie de conciertos con la presentación de Mon Laferte. A pesar de que la experiencia previa ya había evidenciado los errores, la logística volvió a fallar. Prensa que llegó con horas de anticipación se encontró nuevamente con accesos bloqueados por la multitud, sin rutas claras ni personal capacitado para ordenar el ingreso. El resultado: tensión, discusiones y un ambiente que rozó el conflicto.
Pero el problema va más allá del desorden. De acuerdo con testimonios de comunicadores, mientras ellos quedaban fuera, el interior ya estaba ocupado por personas con pulsera: amigos, conocidos y allegados a la administración municipal. Incluso, el espacio destinado a prensa habría sido reducido para dar cabida a más invitados, evidenciando una práctica que privilegia relaciones personales sobre el derecho a la información.
La pregunta es inevitable: ¿qué tan difícil es organizar bien un evento masivo?
Delimitar accesos, establecer rutas de entrada y salida, y garantizar espacios para prensa y personal operativo no es un lujo, es una obligación.
Teniendo en cuenta que no es el primer evento qué encabeza Galindo, en donde siempre se presenta diciendo lo mismo: «Este es un San Luis amable».
Sin embargo, la percepción es que los recursos y la atención están puestos en otros rubros, mientras la seguridad y la logística quedan en segundo plano para poder levantarse el cuello.
Como si el desorden no fuera suficiente, la situación escaló a agresiones. Integrantes de medios denunciaron haber sido empujados por personal del Ayuntamiento en medio del caos, un hecho que no solo es reprobable, sino que refleja la falta de protocolos y de respeto hacia quienes realizan su trabajo.
Los conciertos impulsados por la administración de Enrique Galindo Ceballos dejaron al descubierto una realidad incómoda: la organización falló, la seguridad fue rebasada y los privilegios se impusieron. Porque llenar una plaza no es sinónimo de éxito cuando lo que prevalece es el desorden.


