En el municipio de Soledad de Graciano Sánchez, la falta de agua potable en las escuelas se ha convertido en una problemática estructural que obliga a docentes, padres de familia y autoridades a recurrir a soluciones emergentes.
El alcalde, Juan Manuel Navarro, reconoció que la mayoría de los planteles educativos enfrentan desabasto, al señalar que alrededor del 80% de las escuelas requieren suministro constante de agua mediante pipas.
“Nosotros estamos mandando pipas a las escuelas. En la medida de las posibilidades mandamos, quisiéramos mandar más… el abastecimiento es a través de pipas”, declaró el edil, quien admitió que la cobertura es insuficiente frente a la demanda real.
Sin embargo, el problema no recae únicamente en la autoridad municipal. El propio alcalde reconoció que, ante la falta de un servicio regular, muchas instituciones educativas han tenido que organizarse por su cuenta, a través de mesas directivas y asociaciones de padres de familia, para contratar y pagar el suministro de agua.
“Hay escuelas que hay que reconocerlo, ellos se organizan… son los que contratan o pagan el servicio de pipas”, agregó.
Esta situación evidencia una carga económica adicional para las familias, quienes, además de enfrentar el gasto cotidiano, deben cubrir un servicio básico que debería estar garantizado por el sistema público.
El uso de pipas como principal fuente de abastecimiento también pone en evidencia las limitaciones del sistema operador de agua en la zona, que no ha logrado garantizar un suministro continuo en espacios prioritarios como las escuelas.
Mientras tanto, miles de estudiantes en Soledad toman clases en condiciones precarias, donde el acceso al agua fundamental para la higiene, el consumo y el funcionamiento básico de los planteles sigue siendo incierto.
La problemática no solo refleja una crisis de infraestructura, sino también un reto urgente en materia de gestión pública, donde el derecho al agua continúa dependiendo de soluciones temporales y del bolsillo de la ciudadanía.


