En los días previos a la Candelaria, los mercados de San Luis se llenan de puestos dedicados exclusivamente a vestir al Niño Dios.
Es una manifestación cultural fascinante donde la fe se mezcla con la alta costura popular. Hay atuendos de doctor, de futbolista, de papa o del Santo Niño de Atocha.
Vestir al niño es un acto de devoción familiar que se hereda de padres a hijos. Es la domesticación de lo sagrado, donde la divinidad se vuelve un miembro más de la familia al que hay que cuidar y, por supuesto, presentar con sus mejores galas este 2 de febrero.


