San Luis Potosí tiene el honor histórico de haber sido la capital de la República en los momentos más oscuros de la intervención francesa. Benito Juárez, en su peregrinar por el norte, encontró en nuestra ciudad el respaldo y la seguridad necesarios para mantener el gobierno legítimo.
La casa ubicada en la actual calle de Madero, y cuyo frente da a la Plaza de Armas sirvió de Palacio Nacional, donde el Benemérito de las Américas redactó decretos fundamentales para la resistencia. Para los potosinos de aquel entonces, ver al presidente caminar por las plazas era el símbolo de que México no se rendía, convirtiendo a nuestra cantera en el último baluarte de la libertad nacional.
Esta estancia de Juárez forjó un vínculo indestructible entre el liberalismo nacional y la intelectualidad potosina. No fue solo un refugio militar, sino un espacio de debate político donde se cocinó el futuro del país posrevolucionario.
Recordar a Juárez este sábado es reconocer que San Luis ha sido el escenario de las grandes decisiones patrias; somos el estado que le dio techo y mesa a la esperanza republicana.
Hoy, las placas que marcan esos sitios históricos nos invitan a reflexionar sobre el peso de nuestra responsabilidad ciudadana, recordándonos que en estas tierras la lealtad a la ley se lleva en el ADN desde los tiempos de la Reforma.


