Ubicado en la Calzada de Guadalupe, este edificio es un ejemplo soberbio de la arquitectura educativa de principios del siglo XX. Con su fachada imponente, ha sido hogar y escuela de miles de niños potosinos que recibieron una formación marcada por la disciplina y el amor al trabajo.
Nos recuerda la época en que la educación era vista como el motor principal del progreso social y se impartía con una solemnidad tan sólida como la piedra misma. El internado no solo formó estudiantes, formó ciudadanos con temple de acero, honrando el nombre del soldado que no se movió de su puesto aunque el fusil se le quebrara.


