Entre aplausos, silencio y miradas atentas, el barrio de San Juan de Guadalupe volvió a convertirse en escenario de fe con la 65ª representación del viacrucis, una de las más arraigadas tradiciones de la zona.
En punto de las tres de la tarde, decenas de familias, jóvenes y adultos se congregaron en el atrio de la iglesia del barrio para presenciar la escenificación a cargo del grupo de teatro de la Casa de Cultura, quienes dieron vida a los pasajes más representativos de la pasión de Cristo.
El espacio religioso se transformó en un escenario abierto, donde cada rincón del atrio fue aprovechado para desarrollar las distintas escenas, permitiendo al público mantenerse cercano a la representación y vivirla con mayor intensidad.
La puesta en escena no solo retomó los momentos centrales narrados en la Biblia —como la condena, el camino al Calvario y la crucifixión—, sino que también incorporó elementos dramáticos que enriquecieron la narrativa.
Entre ellos destacaron personajes y relatos considerados apócrifos por la Iglesia, como Samuel de Belibeth, así como la súplica de Claudia Prócula hacia su esposo Poncio Pilatos, escena inspirada en el pasaje bíblico donde se menciona: “Mientras él estaba sentado en el tribunal, su mujer le mandó decir: ‘No tengas nada que ver con ese justo…’” (Mateo 27:19).
Estos elementos añadieron profundidad emocional y teatral a la representación, generando mayor conexión con el público, que siguió atento cada diálogo, cada gesto y cada momento de tensión.
Las calles aledañas y el propio atrio lucieron abarrotados; familias completas, adultos mayores y jóvenes se dieron cita para observar el desarrollo de la representación, consolidando el viacrucis como un punto de encuentro comunitario.
El momento culminante llegó con la crucifixión, cuando el silencio se apoderó del lugar y los asistentes acompañaron con respeto la representación de las últimas horas de Jesús, evocando pasajes como “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lucas 23:34).
Con más de seis décadas de historia, esta representación no solo mantiene viva una tradición, sino que reafirma el arraigo cultural y religioso del barrio de San Juan de Guadalupe, donde año con año la fe se transforma en escena y convoca a cientos de personas.





