Un diez de febrero, el maestro albañil Hesiquio Flores puso la primera piedra de lo que sería la torre de la iglesia en el Puente del Carmen.
Bajo las órdenes del presbítero Jesús Castillo, Flores trabajó con la precisión de un relojero pero con materiales de gigante.
La torre se concluyó en marzo del año siguiente, convirtiéndose en un faro para los fieles y en el testimonio de que, en San Luis, la mano de obra siempre ha sido nuestra exportación más sólida, incluso cuando solo se trata de alcanzar el cielo.


