Hacia finales del siglo XVIII y principios del XIX, San Luis funcionaba bajo el sistema de Intendencias.
El Prefecto del Departamento era el que mandaba, y los regidores tenían que obedecer o fingir que lo hacían. Recordar estas estructuras administrativas nos explica por qué hoy seguimos teniendo esa debilidad por los sellos, los trámites y la jerarquía.
San Luis siempre ha sido una ciudad de leyes y decretos, donde nada es oficial si no tiene la firma de alguien que se sienta en una silla de madera tallada.


