Lo que hoy es un espacio lleno de criaturas de bronce y pasillos oníricos, fue durante un siglo la Penitenciaría del Estado.
El edificio es un «panóptico», diseñado para que un solo guardia pudiera vigilar todas las celdas desde una torre central, una idea que hoy cualquier jefe de oficina envidiaría. Es fascinante ver cómo las esculturas surrealistas de Leonora habitan los mismos espacios donde Madero planeó su revolución y donde miles de potosinos purgaron penas reales.
Es la redención arquitectónica definitiva: pasar del castigo del cuerpo a la libertad de la imaginación, demostrando que en San Luis hasta las cárceles terminan volviéndose arte.


