Nuestro escudo no es solo un dibujo bonito; es un resumen de nuestra ambición. San Luis Rey de Francia está sentado sobre un cerro de oro y plata, rodeado de dos barras de metal. El color azul representa la lealtad y el cielo de nuestro desierto.
Fue otorgado por el Rey de España en 1658 y desde entonces nos recuerda que nuestra identidad está clavada en la mina y en la fe.
Es el sello de una ciudad que se fundó para ser rica y que ha pasado cuatro siglos tratando de estar a la altura de su propia heráldica de metales preciosos.


