En San Luis, el debate gastronómico del 2 de febrero se divide entre el tradicional tamal de olla, con su masa esponjosa y rellenos clásicos de chile rojo o verde, y el tamal en hoja de plátano, que aunque es de origen sureño, ha encontrado en nuestra mesa un lugar de honor.
El tamal potosino auténtico es recio, como su gente; no necesita de adornos extravagantes, solo de un buen maíz y un guiso con sazón de hogar.
Comer tamales hoy es celebrar nuestra herencia mestiza, donde el ingrediente prehispánico se funde con la grasa europea para crear el manjar más democrático de la nación.


