En el marco del Día del Ejército, recordamos por qué ostentamos este título de honor. En 1847, tras la batalla de la Angostura, San Luis se volcó a las calles para recibir y curar a un ejército mermado.
Fuimos el refugio y la medicina de un país que se estaba cayendo a pedazos.
Esa lealtad histórica es la que hoy define nuestra relación con el uniforme; un pacto de ayuda mutua que se forjó entre el dolor de la guerra y la generosidad de una ciudad que siempre supo estar a la altura de las circunstancias.


