Los jueves se han vuelto de cata en las mezcalerías del centro. Ya no es la bebida de los marginados, sino un producto de lujo que compite con los mejores destilados del mundo.
Degustar un mezcal potosino es entender el tiempo del maguey y la paciencia del maestro que sabe esperar años para que la tierra le entregue su sabor.


