Tener un museo dedicado a Leonora Carrington en una antigua cárcel es el acto más surrealista que ha cometido San Luis en décadas.
Las esculturas de bronce de la artista inglesa parecen haber encontrado su hogar natural entre los muros de cantera. Es la prueba de que para entender a San Luis Potosí no basta con la lógica; hace falta un poco de locura y la capacidad de ver criaturas fantásticas donde otros solo ven piedras.


