A finales del siglo XIX, la modernidad industrial de San Luis Potosí tenía un aroma muy particular: el del tabaco enrollado por manos femeninas. Las obreras de la fábrica de cigarros «La Frontera» fueron las verdaderas pioneras del movimiento laboral en el estado.
Mientras la alta sociedad potosina presumía su refinamiento en los bailes de La Lonja, cientos de mujeres pasaban sus jornadas en condiciones de hacinamiento, produciendo el lujo de los caballeros de levita.
Estas mujeres, invisibles para el presupuesto estatal, fueron las primeras en organizar connatos de huelga exigiendo derechos que hoy nos parecen básicos, pero que en aquel entonces eran una afrenta al «orden y progreso» del régimen.
LLa fábrica era el orgullo de la ciudad, un ejemplo de eficiencia que se mostraba a los visitantes extranjeros, ocultando la fatiga en los ojos de las cigarreeras. Estas mujeres sostuvieron hogares enteros y forjaron una cultura de solidaridad obrera que todavía se siente en los barrios antiguos de la capital.
Recordar a las trabajadoras de «La Frontera» este 8 de marzo es hacerle justicia a ese San Luis trabajador que no sale en las postales de cantera, pero que fue el que realmente construyó la base económica de nuestro estado. Son las heroínas del cotidiano, mujeres de voluntad inquebrantable que nos enseñaron que el respeto se gana con el trabajo, pero se defiende con la unión sindical.


