Entre el espeso mar de cifras sobre ansiedad, depresión y dificultades económicas que integran el reporte de la ENBIARE 2025, el INEGI incluyó un indicador sumamente tierno y revelador sobre las dinámicas de contención afectiva dentro de los hogares de la República: el 66.4% de las viviendas en el país alberga al menos a un animal de compañía. Con un censo nacional estimado en 41.2 millones de perros y 19.2 millones de gatos, las mascotas han dejado de ser simples guardianes de patio para transformarse en piezas fundamentales de la salud emocional de las familias.
San Luis Potosí no es ajeno a este fenómeno de transformación social. Al recorrer las plazas de los barrios, el andador central de la Alameda o las calles adoquinadas de Tequis, resulta evidente el auge de la cultura protectora y el protagonismo de los animales en la vida urbana.
Frente a las estadísticas del propio INEGI que señalan que el 10.9% de los adultos presenta indicios de depresión y un 21.4% sufre de ansiedad, perros y gatos han asumido el rol de terapeutas silenciosos dentro de los zaguanes potosinos.
En hogares donde el aislamiento social afecta al 8.4% de las personas que no conviven con familiares, el saludo efusivo de un perro o el ronroneo de un gato al caer la tarde se convierten en el único y más eficiente soporte afectivo disponible.
Estos millones de animales en el territorio potosino representan el último refugio de bienestar autorreportado; los guardianes de cuatro patas que, con su lealtad cotidiana sobre los pisos de pasta y cantera, ayudan al ciudadano del Altiplano a sacudirse el polvo, el cansancio y las fatigas de una realidad cada vez más acelerada.


