La calle Guajardo se convierte hoy en el epicentro del capitalismo infantil. Los Reyes Magos potosinos recorren sus puestos bajo el frío intenso, regateando precios y buscando el regalo prometido.
Es una coreografía social de sacrificio y esperanza que se repite cada año, demostrando que la magia de los Reyes depende más del aguante de los padres que de los camellos y elefantes.


