La celebración mariana más antigua abre el calendario cristiano.

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El 1 de enero, además de marcar el inicio del año civil, es una fecha de profundo significado para la Iglesia Católica, que celebra con júbilo la Solemnidad de María Santísima, Madre de Dios, una de las conmemoraciones más antiguas del cristianismo.

Con esta celebración, la Iglesia se encomienda desde el primer día del año a la protección maternal de María, quien fue elegida para concebir, dar a luz y criar al Salvador de la humanidad. Como Madre de Dios y Madre espiritual de los creyentes, María acompaña, cuida y protege a sus hijos mientras peregrinan en este mundo.

La festividad dedicada a María como Madre de Dios es considerada la celebración mariana más antigua de Occidente. Prueba de ello son las numerosas inscripciones y pinturas encontradas en las catacumbas de Roma, espacios subterráneos que sirvieron de refugio a los primeros cristianos perseguidos y donde se celebraba la Eucaristía, las cuales dan testimonio de la devoción mariana desde los primeros siglos.

Asimismo, antiguos escritos del siglo III revelan que los cristianos de Egipto ya se dirigían a María con el título de “Madre de Dios”. De esa devoción surgió la plegaria: “Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios”, una de las oraciones marianas más antiguas que se conservan y que, por su riqueza teológica y espiritual, forma parte de la Liturgia de las Horas y del Oficio Divino hasta nuestros días.

De esta manera, la Iglesia inicia el año nuevo confiándose al cuidado maternal de María, signo de fe, esperanza y protección para todos los creyentes.

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