En el marco del Día Mundial del Enfermo, durante la homilía celebrada este día en la parroquia de Nuestra Señora de Fátima, en la capital potosina, se reflexionó sobre el valor profundo del sufrimiento humano cuando es ofrecido a Dios desde la fe y la esperanza cristiana.
El mensaje recordó que, aunque muchas veces el ser humano intenta adueñarse de la vida y buscar la sanación solo desde sus propias fuerzas, suele olvidar que desde el bautismo pertenece al Señor. En este sentido, se subrayó que la enfermedad no debe entenderse como un castigo o una prisión, sino como una oportunidad para fortalecer la unión con Cristo.
Como ejemplo de ello, se destacó el testimonio de Santa Teresita del Niño Jesús, quien, pese a su juventud y fragilidad física, transformó su enfermedad en una oración constante. Aunque no fue declarada doctora de la Iglesia por estudios académicos, su vida espiritual, marcada por el contacto cercano con Jesús en la Sagrada Eucaristía y la oración, la llevó a ofrecer su sufrimiento especialmente por los sacerdotes y los misioneros.
Durante la homilía también se compartió una experiencia pastoral que evidenció el valor espiritual de las personas enfermas dentro de la comunidad. Al visitar a una persona en silla de ruedas, se le invitó a ofrecer su sufrimiento como una “tarea espiritual” por las divisiones y necesidades de la Iglesia, resaltando que la oración del enfermo tiene un profundo significado ante Dios.
Finalmente, al recordar también la conmemoración de Nuestra Señora de Lourdes, se elevó una oración especial por todos los enfermos de la capital potosina, para que encuentren consuelo, fortaleza y sentido en su padecimiento, confiando en que incluso en la enfermedad se puede ser testimonio vivo de fe y esperanza.





