La relación entre Villa de Pozos y el organismo operador Interapas se perfila como una bomba de tiempo, mientras el alcalde de la capital, Enrique Galindo Ceballos, reconoce abiertamente la complejidad del problema… pero evade asumir una ruta clara de solución.
Lejos de transmitir certeza, el edil dibujó un escenario de fragilidad institucional al aceptar que el municipio podría romper el convenio en cualquier momento sin que exista un plan definido para enfrentar las consecuencias.
“La situación de Pozos es todavía más compleja, más difícil… ellos tienen un convenio con Interapas y eso es más fácil; ellos mañana, mañana mismo literal podrían decir ya no quiero estar en el convenio”.
La declaración no solo exhibe la vulnerabilidad del acuerdo, sino que deja en evidencia la ausencia de previsión por parte de las autoridades responsables de garantizar el servicio de agua.
Galindo fue más allá al admitir que, ante una posible ruptura, ni siquiera hay claridad sobre qué pasaría con la infraestructura:
“Entonces esos bienes tendríamos que definir qué se va a hacer; hay pozos, hay red hidráulica, hay red sanitaria, hay red pluvial… es un poco complejo”.
En otras palabras, el propio alcalde reconoce que no existe una estrategia definida para administrar ni proteger los activos esenciales que garantizan el suministro de agua y saneamiento. La improvisación parece ser la constante.
Pero el punto más alarmante llegó cuando el edil prácticamente deslindó la solución del ámbito técnico y la colocó en el terreno político:
“Vamos a esperar que haya voluntad política; si no hay voluntad política ni en mayo, ni este ni el otro”.
El discurso del alcalde deja ver un patrón preocupante: reconocer el problema, subrayar su complejidad y, finalmente, trasladar la responsabilidad a factores externos. No hay plazos, no hay plan, no hay certezas.
En un contexto donde el acceso al agua es un derecho básico y una prioridad de salud pública, la falta de liderazgo y previsión resulta alarmante. La situación de Villa de Pozos no solo es compleja, como admite el propio Galindo; es también un reflejo de la incapacidad institucional para anticipar y resolver conflictos estructurales.


