Mucho antes de que San Luis fuera Potosí, estas tierras eran de los Guachichiles. La palabra significa «cabezas pintadas de rojo», porque les gustaba teñirse el pelo con un color que hoy cualquier marca de tinte envidiaría.
Eran rebeldes, valientes y le hicieron la vida imposible a los españoles durante décadas. Hoy, su nombre sobrevive en el escudo del estado y en el carácter de los potosinos: somos gente que, por fuera, parece tranquila como la cantera, pero que por dentro guarda ese fuego rojo de los antiguos dueños del desierto.


