Ubicado en la Calzada de Guadalupe, este edificio ha tenido más vidas que un gato callejero. Fue cuartel, fue escuela y hoy es un internado que guarda el nombre del héroe que no se movió de su puesto bajo el fuego.
Su arquitectura robusta nos habla de un México que se estaba reconstruyendo y que apostó por la educación disciplinada. Los pasillos del Internado han escuchado más cornetas y gritos de orden que de recreo, formando generaciones de potosinos que aprendieron que la disciplina es la base del éxito, o al menos, la forma de no llegar tarde al pase de lista.


