El colapso anunciado de Interapas: una gestión marcada por la falla y la omisión.

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La administración de Jorge Daniel Hernández Delgadillo al frente de Interapas estuvo condenada al fracaso desde sus primeros meses.

Nombrado director general el 18 de octubre de 2024, su gestión rápidamente quedó marcada por una crisis constante en el suministro de agua, encabezada por las recurrentes fallas del sistema El Realito, pero agravada por las deficiencias en los pozos de San Luis Potosí y Soledad de Graciano Sánchez, que nunca lograron compensar la falta del acueducto.

El 5 de diciembre de 2024, El Realito dejó de enviar agua a los tanques de distribución, dando inicio a una cadena de fallas que se repitió durante todo 2025. En abril se registraron interrupciones los días 7 y 18, con restablecimientos parciales y temporales. En mayo, un corte de energía eléctrica volvió a suspender el bombeo, evidenciando la fragilidad operativa del sistema.

Para junio de 2025, El Realito acumulaba ya 10 fallas, obligando a Interapas a activar pozos de reserva que resultaron insuficientes por su mal estado, baja producción y falta de mantenimiento. Las colonias de San Luis y Soledad enfrentaron tandeos prolongados, baja presión y cortes constantes, sin soluciones de fondo. Sin embargo las quejas constantes de la ciudadanía era sobre que Interapas no cumplía con las promesas de pipas gratuitas.

Las fallas continuaron en julio, agosto, septiembre y octubre, alcanzando 14 interrupciones solo en 2025, algunas incluso por agua fuera de la norma oficial, lo que obligó a desviar el suministro antes de llegar a los tanques. A esto se sumó la incapacidad de Interapas para informar con claridad, pues en varios casos ni siquiera conocía el origen de las fallas y dependía de los reportes de la empresa operadora.

El 2 de enero de 2026, El Realito volvió a fallar y, dos días después, el 4 de enero, Hernández Delgadillo presentó su renuncia por “asuntos personales”, dejando un organismo en crisis, con infraestructura colapsada y una ciudadanía sin agua.

La historia de su gestión no solo es la de El Realito, sino la de un sistema completo deteriorado: pozos ineficientes, falta de planeación y una dirección incapaz de garantizar el acceso al agua, un derecho básico que quedó en el abandono.

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