La historia reciente de Club América no se puede contar sin mencionar a Henry Martín. El yucateco es uno de los goleadores históricos del club, referente ofensivo de los últimos años y pieza clave en títulos recientes. Sin embargo, el futbol suele ser caprichoso: desde que asumió la camiseta ‘9’ para el Apertura 2025, el gol se le ha negado.
El contraste es inevitable. Martín, que ya había construido un legado como artillero azulcrema, recibió el dorsal más emblemático como una especie de investidura. El ‘9’ en América no es un número cualquiera: es herencia, es presión y es memoria. Y hoy, la estadística es fría: no ha marcado desde que lo porta.
La sequía se hizo más evidente en el Clásico Nacional ante Club Deportivo Guadalajara, donde dejó escapar una oportunidad clara. En un partido de esa magnitud, a los ‘9’ se les mide por goles. Y ahí, la balanza se inclina con crudeza.
La comparación histórica pesa. La misma casaca la defendieron delanteros que marcaron época, como Raúl Jiménez, quien explotó su olfato goleador antes de dar el salto a Europa; Ricardo Peláez, símbolo de contundencia en los noventa; y Salvador Cabañas, quizá uno de los ‘9’ más determinantes que ha vestido la camiseta azulcrema en torneos cortos. Todos ellos hicieron del dorsal sinónimo de goles decisivos y momentos grandes.
Ahí radica el ángulo de la historia: no se trata de cuestionar la trayectoria de Henry, ya consolidada en los libros del club, sino de evidenciar el choque entre su legado y su presente. La estadística actual contradice su historia personal. El hombre que ya es uno de los máximos anotadores del América vive hoy una racha que lo coloca, momentáneamente, en terreno desconocido.
El futbol ofrece revancha cada fin de semana y ante Puebla, «La Bomba» buscará quitarse la malaria de la camiseta «9», ante la peor sequía que tiene como delantero.


