Lo que hoy conocemos como los jardines del edificio central de la UASLP fue, durante siglos, la huerta privada de la Compañía de Jesús. Ahí los frailes cultivaban no solo hortalizas para el sustento, sino ideas para el intelecto.
Con la expulsión de la orden, el espacio pasó a ser público, pero conservó ese aire de retiro y reflexión. Caminar por estos pasillos un domingo es asomarse al origen educativo de la ciudad, un lugar donde el verdor de los árboles intenta compensar la aridez del pensamiento burocrático, recordándonos que San Luis siempre ha necesitado de un oasis para pensar mejor.


