Las zonas VIP del Festival San Luis en Primavera volvieron a colocarse en el centro de la discusión tras las declaraciones del alcalde Enrique Galindo Ceballos, quien aseguró que su implementación “dependía del concierto”.
De acuerdo con el edil, una de estas áreas estaba destinada a personas con discapacidad; sin embargo, en el concierto de Mon Laferte desapareció esa área porque en la sección que estaba destinada pues desapareció ya que se retiraron sillas y la gente se colocó hasta enfrente, además de que tampoco se contó con intérpretes de lengua de señas ya que en el escenario no se vio ninguna.
El propio alcalde explicó que “a las personas con discapacidad las citábamos en otro lado y luego juntas las llevamos a su zona”, señalando que en algunos eventos se registraban entre 20 y 30 asistentes en esta condición, mientras que en el concierto de cierre afirmó que hubo cerca de 300 personas con discapacidad. No obstante, en la zona central del evento no se observó un espacio definido para este sector, lo que coincide con la declaración del edil de que se retiraron sillas y áreas delimitadas para permitir mayor aforo.
Otra de las secciones fue destinada a medios de comunicación e invitados. En este punto, el alcalde indicó que se trataba de menos de 100 sillas. Sin embargo, durante el último concierto se reportó la presencia de personas sin acreditación ocupando espacios destinados a prensa, incluyendo casos en los que trabajadores del Ayuntamiento habrían permitido el acceso a familiares bajo esta categoría, a pesar de que el uso de gafetes era un requisito para medios.
A la par, periodistas acreditados permanecieron de pie durante el evento, en medio de señalamientos por falta de organización en esta área.
El alcalde también reconoció que entre el 70% y 80% de las sillas instaladas en otros conciertos fueron destinadas al público en general, aunque en el evento de cierre estas fueron retiradas para ampliar la capacidad de asistentes.
Frente a las inconformidades, el edil sostuvo que “la gente que presenta algún tipo de queja es que es un evento gratuito”, y comparó el festival con eventos privados como el Pa’l Norte, señalando que estos tienen costos de entre 3 mil y 10 mil pesos, mientras que el festival potosino fue gratuito y de carácter internacional.
Las declaraciones se dan en un contexto donde asistentes, personas con discapacidad y representantes de medios han cuestionado la logística, distribución de espacios y accesibilidad durante los conciertos más concurridos del festival.


