Joaquín Antonio Peñalosa representa la resistencia cultural de la provincia mexicana. En un país donde se cree que si algo no pasa en la Ciudad de México no tiene importancia, Peñalosa demostró que el pensamiento y la poesía pueden florecer en cualquier coordenada, incluso en el aire seco de San Luis Potosí.
Como sacerdote, escritor y académico, se convirtió en el eje de una vida intelectual que se negaba a ser secundaria. Su obra es un mapa de la identidad potosina, escrita con un rigor que ya quisieran los intelectuales de la capital. Peñalosa habitó una ciudad que no siempre estaba dispuesta a escuchar, pero él insistió en publicar, en editar revistas y en formar a nuevas generaciones de escritores.
Su labor nos recuerda que la cultura no es un privilegio de las metrópolis, sino una necesidad de las ciudades que buscan entenderse a sí mismas. Fue el cronista de nuestra cotidianidad, el hombre que supo encontrar la trascendencia en una esquina cualquiera de nuestra ciudad de piedra.


