La crisis de agua en la zona de Jacarandas dejó de ser un problema técnico para convertirse en un conflicto directo entre ciudadanos y autoridades que, aunque reconocen la falla, siguen intentando minimizarla.
Habitantes afectados se manifestaron a las afueras de Interapas, cansados de lo que consideran una simulación: no hay agua en sus casas, pero los recibos llegan puntuales, como si el servicio existiera.
El alcalde de Enrique Galindo Ceballos volvió a pronunciarse sobre el tema, pero terminó evidenciando una contradicción difícil de sostener.
“Respeto los testimonios de la gente, ya estuvimos buscando a ver de dónde es, de qué colonia tal; si son de la zona de Jacarandas, pues sí, sí tienen un problema y eso lo he reconocido”, declaró.
Es decir, el propio edil acepta que sí existe una problemática real en la zona… pero al mismo tiempo insiste en descalificar las manifestaciones y en sostener que la atención es suficiente.
Mientras Galindo admite la crisis, también presume operativos intensos de distribución de agua mediante pipas, asegurando que su gobierno está respondiendo.
La realidad que denuncian los ciudadanos es otra: el servicio de pipas no llega de forma constante y, en muchos casos, simplemente no aparece.
La incongruencia es evidente. Si el problema está reconocido, ¿Por qué la solución no se refleja en las casas?.
A la falta de agua se suma otro elemento que ha encendido aún más el enojo social: los recibos de cobro continúan llegando.
Vecinos aseguran que están pagando por un servicio inexistente, lo que convierte la crisis no solo en un tema de infraestructura, sino en un posible abuso institucional.
Interapas no solo falla en garantizar el suministro, sino que mantiene intacto el sistema de cobro, como si nada ocurriera.
Ante la narrativa oficial que sugiere que las protestas no son reales o están exageradas, los vecinos decidieron manifestarse directamente frente a las oficinas del organismo operador.
Porque si, como dice el alcalde, ya reconoció el problema en Jacarandas, entonces las protestas no son un invento: es la consecuencia.
El caso Jacarandas exhibe a una administración que por un lado, reconoce la crisis y por otro, insiste en que está controlada. Presume soluciones que no llegan, mientras la inconformidad crece.


