Mientras vecinos afectados por la falta de agua se manifestaron la mañana de este miércoles afuera de las oficinas de Interapas, el alcalde Enrique Galindo intentó justificar la crisis en el pozo Jacarandas II, señalando que se trata de un pozo “muy viejo” y que la falla actual se debe a que la bomba se hundió.
De acuerdo con el edil, el pozo lleva más de 20 días fuera de operación porque el equipo quedó atrapado en el fondo. “Se hundió y no se puede meter otra bomba hasta que no se saque… estamos literalmente pescando la bomba que se sumergió”, declaró.
Sin embargo, más allá de la explicación técnica, la situación deja al descubierto una vez más los problemas de mantenimiento e infraestructura que arrastra el sistema hidráulico de la ciudad. Que un pozo estratégico deje de operar durante semanas por una bomba hundida plantea serias dudas sobre la supervisión y el estado de los equipos que abastecen a miles de habitantes.
El alcalde aseguró que, de no ser por el “operativo de pipas”, la zona norte de la ciudad “ya estaría ardiendo”, intentando presentar la distribución emergente de agua como una solución suficiente ante la crisis.
No obstante, para los vecinos afectados la realidad es distinta: depender de pipas durante semanas evidencia la fragilidad del sistema de abastecimiento y la falta de previsión para evitar fallas de este tipo.
Sobre la manifestación ciudadana, Galindo también insinuó que detrás de la protesta podrían existir “otros intereses”, afirmando que ya los tenían detectados, una declaración que ha generado molestia entre habitantes que llevan semanas sin servicio.
Mientras autoridades hablan de bombas hundidas y operativos emergentes, en colonias de la zona norte el problema sigue siendo el mismo: el agua no llega a las casas.


