El alcalde de San Luis Potosí, Enrique Galindo Ceballos, terminó reconociendo lo que miles de potosinos viven a diario: no hay agua.
En sus propias palabras, aseguró que como alcalde tiene que atender a la población con pipas, ante la falta del suministro en varias zonas de la ciudad. La declaración no sólo confirma la crisis hídrica que enfrenta la capital, sino también evidencia la fragilidad del sistema que debería garantizar el servicio.
Incluso cuando llueve, dijo, el municipio no puede aprovechar esa agua, ya que no existe la infraestructura ni la red de distribución necesaria para llevarla a los hogares.
A esto se suma la dependencia del acueducto de El Realito, por el que el municipio paga mes con mes para evitar que se suspenda el suministro. Sin embargo, el volumen que llega dista mucho de lo prometido: de los mil litros por segundo que deberían recibirse, actualmente apenas llegan alrededor de 380 litros por segundo, cuando el sistema no presenta fallas.
El propio alcalde también admitió que cuando el agua no llega, intenta no pagar el servicio.
Las declaraciones dejan al descubierto una realidad incómoda: mientras la población enfrenta cortes, tandeos y dependencia de pipas, la solución estructural al problema del agua sigue sin aparecer.


