A principios del siglo XX, San Luis se llenó de edificios modernistas que rompieron con la rigidez colonial. Fachadas con curvas, motivos vegetales y una sensación de que el futuro ya estaba aquí.
Caminar por la calle de Madero o Carranza es ver los restos de ese optimismo estético. El modernismo potosino fue nuestro intento de decir que también podíamos ser vanguardistas, aunque por dentro siguiéramos prefiriendo el chocolate con pan de dulce.


