No hay feria o fiesta patronal en San Luis que no tenga el aroma de las melochas. Este dulce de azúcar estirado es un reto para la dentadura y un deleite para el alma.
Su preparación es un ballet de manos expertas que jalan la melaza caliente hasta que toma ese color dorado y esa textura que parece negarse a ser masticada.
La melocha es el caramelo oficial de la resistencia potosina: dulce, pegajosa y capaz de durar en la boca lo que dura un chisme de pasillo en el Palacio de Gobierno. Es la prueba de que, con un poco de azúcar y mucha maña, se puede crear un tesoro desde la cocina más humilde.


