Las antiguas haciendas mezcaleras de San Luis, como Laguna Seca o Santa Isabel, están abriendo sus puertas al turismo cultural.
No es solo ir a beber, es entender la arquitectura de la producción, el ciclo del maguey y la historia de un estado que aprendió a destilar su paisaje. Una ruta que combina la historia económica con el placer sensorial, perfecta para un viernes de exploración.


