La feria del barrio de San Sebastián es un ejercicio de resistencia cultural. Frente a los grandes centros comerciales y el streaming, la gente sigue yendo a la plaza a comer gorditas y a ver los juegos mecánicos que chirrían con cada vuelta.
Es la cultura popular en su estado más puro: ruidosa, grasosa y profundamente necesaria para no olvidar quiénes somos cuando no estamos trabajando de 9 a 5.


