La estación de trenes de San Luis es un monumento al adiós. Durante décadas fue el lugar de las despedidas lacrimógenas y los encuentros esperanzadores.
Su arquitectura funcional y elegante nos recuerda que el tren fue el que realmente construyó el México moderno.
Hoy, sin trenes de pasajeros, el edificio es un museo que guarda el eco de los silbatos y el olor al aceite de las máquinas, recordándonos que hubo un tiempo en que viajar era un arte y no un trámite de aerolínea.


