La cuesta de enero impulsa el empeño de bienes en la ciudad.

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Enero no solo marcó el inicio del año; marca también el momento en que los bolsillos resienten los excesos de diciembre. Es el mes más largo, el que aprieta, el que obliga a mirar alrededor y decidir qué se puede soltar para seguir avanzando. En San Luis Potosí, la cuesta de enero se refleja hoy en las vitrinas llenas de las casas de empeño.

El arranque de 2026 llegó acompañado de preocupaciones económicas para miles de familias potosinas. Con servicios, rentas, deudas y gastos básicos encima, y con ingresos que aún no se recuperan del todo, la liquidez se volvió un bien escaso. Ante este panorama, la cuesta de enero se sintió con mayor intensidad que en otros años.

En distintos puntos de la ciudad, el movimiento es constante. Personas caminan con objetos en las manos rumbo a las casas de empeño. Joyas , teléfonos celulares, pantallas, laptops y herramientas de trabajo, símbolos de años de esfuerzo, quedan bajo resguardo a cambio de efectivo inmediato que permita sortear el bache financiero.

A punto de finalizar enero, más allá de las cifras y estadísticas, la cuesta se vive en lo cotidiano. En colonias y barrios populares se percibe en la nostalgia de quien entrega un objeto querido, con la esperanza de volver. Por ello, estos establecimientos se han convertido en uno de los espacios con mayor movimiento económico durante enero.

A nivel nacional, enero se mantiene como uno de los meses con mayor actividad para el sector prendario. Sin embargo, este alivio momentáneo también implica riesgos. La Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco) ha advertido que el desconocimiento de las condiciones e intereses puede derivar en la pérdida definitiva de las prendas si no se cumplen los plazos establecidos.

Aun así, empeñar sigue siendo una muestra de resistencia. Una forma de adaptarse, cubrir lo urgente y llegar a fin de mes.

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