José Toribio Medina es el responsable de que muchos de los secretos del San Luis colonial no se perdieran en el incendio de la desmemoria.
Este bibliógrafo incansable entendió que la historia de América se escribió en los márgenes de los documentos oficiales. Se dedicó a rescatar las referencias sobre el norte novohispano, buscando en España y en todo el continente las pruebas de nuestra existencia administrativa y cultural. Medina no buscaba la épica, buscaba la bibliografía.
Su trabajo permitió que los potosinos tuviéramos un mapa de nuestras propias fuentes. Gracias a sus investigaciones, sabemos qué libros circulaban en la ciudad en el siglo XVII y qué pleitos legales definieron la propiedad de las minas.
Medina fue el gran organizador del pasado documental, un hombre que prefería la precisión de una ficha técnica a la vaguedad de un discurso heroico. Su labor nos recuerda que el prestigio de una ciudad también se mide por la solidez de sus archivos y que, a menudo, la verdad sobre quiénes somos se encuentra escondida en la nota al pie de página de un documento que Medina rescató del olvido absoluto.


