Mucho antes de los influencers, San Luis tuvo a personajes que daban lecciones de humanidad sin decir una palabra.
El «Señor de las Palomas» era un hombre que, cubierto de aves, recorría las plazas del centro. Era un espectáculo de paz en medio del ajetreo comercial. Su presencia era parte del paisaje urbano, un recordatorio de que la locura, en esta ciudad, a veces tiene matices de santidad y de armonía con la naturaleza.
Hoy es una figura de culto popular, una leyenda que nos dice que la verdadera riqueza no se mide en monedas de plata, sino en la capacidad de hablar con las criaturas del aire.


